martes, 20 de diciembre de 2011

Miura, los toros del miedo

Cuando en tauromaquia se habla de un toro bravo de inmediato se le asocia con un toro de Miura, la ganadería fundada por Juan Antonio Miura en 1842 en la finca Zahariche, en la localidad sevillana de Lora del Río. Es un animal con características salvajes, indómitas y cuya leyenda de muerte se mantiene en el tiempo.

Esta leyenda incluye los nombres de los matadores Pepete, Pedro Carreño, Faustino Posadas, Domingo del Campo “Dominguín”, El Espatero, Llusío y Manolete, este último el más renombrado de todos y quien perdiera la vida en la arena por la cornada artera de “Islero” en la plaza de Linares, en 1947.

El Miura es un toro caracterizado por su ímpetu, por su velocidad, por ser un toro volador desde su salida a la plaza, es violento en su desplazamiento y en el primer tercio de la lidia marca la diferencia del resto del ganado. Son ejemplares de gran altura, largos también, huesudos y de manos y patas altas.

A la muerte de José Antonio Miura, en 1883, lo sucedió su hermano Eduardo en la gestión de esta importante ganadería que por esos años producía los mejores toros de lidia de España y del mundo entero. En 1917, heredaron la ganadería los hijos de José Antonio, Antonio y José, quienes siguieron adelante con la tradición de esta casta salvaje.

Tal es la fama de los Miura, que Ferruccio Lamborghini, el hombre tras la afamada marca de autos del mismo nombre, quien era un apasionado de la fiesta brava, les puso nombres de toros famosos a sus modelos de autos deportivos. “Diablo”, “Gallardo” o “Islero” son  nombres de modelos exclusivos de Lamborghini, en honor a toros Miura que brindaron lucidas faenas y que hasta fueron indultados en la plaza.

La leyenda negra de los Miura los persigue por años. En España sus corridas son muy respetadas, pero a la vez temidas por la afición y los entendidos. Dicen que cuando un torero se enfrenta a un Miura, cobra más por la corrida, una especie de seguro de vida contra accidentes o contra la propia muerte.

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